Cocina y negocios

Un blog de Mónica Albirzú

30 de mayo de 2013

Con sabor a Cine

imagesLa cinematografía ha encontrado en la cocina una aliada inmejorable. Es difícil resistirse al encanto de una historia que provoca y convoca a todos nuestros sentidos. Las historia culinarias llevadas al cine plantean la posibilidad y el desafío de recrear aromas, colores, sabores y relatos que bucean como pocas en las relaciones entre las personas y los recuerdos más primarios.

Un pecho y un bebé a punto de ser amamantado es la primera escena de La Sal de la Vida (ó Un toque de canela), y lo describen como el primer acercamiento de las personas al universo de los sabores. En este filme un niño aprende de su abuelo los secretos de la cocina y de la vida. Ese chico, ya adulto recuerda la historia de su familia y de su abuelo a quien dejó de ver cuando, como tantos griegos en la década del 60, fue deportado de Estambul junto a sus padres. En tierra turca quedaban su abuelo y todos los sabores de una cocina única.

La vida de esta familia transcurre en la cocina y las metáforas culinarias resuelven cualquier circunstancia. “La pimienta es caliente, quema y va bien con todas las comidas. La canela es a la vez dulce y amarga como todas las mujeres. La sal hace más sabrosos los alimentos”, dice el abuelo cuando le enseña a su nieto los secretos de las especias y el pequeño sabe que está recibiendo un conocimiento muy poderoso. Es sencillo dejarse atrapar por estos relatos y la cinematografía y sus realizadores lo saben.

Las grandes historias están esperando ser descubiertas y eso fue lo que ocurrió con La cocinera del presidente (Les saveurs du palais/Los sabores del palacio). Esta película dirigida por Christian Vincent e interpretada por Catherine Frot como la cocinera y Jean d’Ormesson como el presidente, cuenta la relación entre Francois Miterrand y la mujer que preparaba sus comidas.

El Filme está inspirado en la historia de la cocinera privada del presidente francés, Daniéle Mazet-Delpeuch, que en el relato se llamará Hortense Laborie. La protagonista es una cocinera proveniente del Perigord donde que llegó al Palacio del Eliseo recomendada por el prestigioso chef Joel Robuchon. La cocinera venía de trabajar en la École d’Art et Tradition Culinaire du Périgord, especie de restaurante-escuela que ella había fundado en 1979 y donde impartía conocimientos de la cocina regional. Esas credenciales fueron las que atrajeron a Miterrand que, cansado de los manjares cinco estrellas, buscaba encontrarse con los sabores de su infancia.

Las escenas con magníficas preparaciones se repiten a lo largo de la película, sumado a las intrigas palaciegas que tuvo que enfrentar esta mujer en un mundo dominado por hombres. Aunque aún no ha llegado al circuito cinematográfico local es casi imperdible esta historia con magníficos platos y la posibilidad de espiar “la cocina” del gobierno francés en la década del 80.

Las comedias también tienen lugar en este universo de filmografía gastronómica. Los franceses se permitieron mofarse de si mismos con El chef, la receta de la felicidad (Comme un Chef ) donde un reconocido cocinero de varias estrellas Michelin debe sumarse a la hola de las nuevas tendencias gastronómicas que impone la vanguardista cocina molecular.

Bien en todo de comedia resaltan la puja por el primer lugar en materia gastronómica y la herida narcisista que ocasionó en los franceses la vanguardia culinaria española y el dominio del terreno por más de 10 años de los españoles. Un relato muy simpático que se apropia del lugar que ocupa la gastronomía en la vida de las personas.

También en el terreno de los biopic, los ingleses se atrevieron con Toast que en estos días están emitiendo en el canal de cable Movie City PE (MCPE). Un relato autobiográfico que muestra los acontecimientos que llevaron a Nigel Slater, el reconocido chef británico que por años ha escrito una columna gastronómica en The Observer Magazine, a convertirse en un cocinero. Esta comedia dramática es interpretada por Helena Bonhan Carter en el papel de la madrastra de Slater y Freddie Highmore (el niño protagonista de Charlie y la fábrica de chocolate) como el joven cocinero.

Por momentos amarga y de a ratos encantadora, muestra cómo la cocina se convirtió en el refugio de este niño que añoraba la preparación de algún plato de comida más allá de los enlatados que servía su madre enferma a quien perdió muy tempranamente. En una Inglaterra, durante la década del 60, donde la cocina resultaba poco sofisticada, el joven Nigel se acerca lentamente a la sabiduría culinaria francesa y a lo que luego sería su vida.

De distintas maneras el cine a través de los tiempos se ha acercado al mundo de la gastronomía y en algunos casos con muy buenos resultados. Sólo por citar algunos La Fiesta de Babette, Como agua para Chocolate, Un buen año, Bella Martha (primera versión de Sin Reservas interpretada por Catherine Zeta Jones), Chocolate, Vattel y Ratatouille (la preferida de los cocineros locales). En todos estos relatos el denominador común es la cocina como parte muy importante de los relatos.

Luego también nos encontramos con pequeñas escenas dentro de grandes películas. Francis Ford Coppola se ocupa de incluir alguna en cada una parte de El Padrino. Así nos encontramos a Michael Corleone aprendiendo a preparar el tuco en El Padrino poco antes de vengar el intento de asesinato de su padre, matando a Sollozo y al corrupto capitán McClusckey. Sin duda alguna ese tuco era cosa de hombres recios.

En el Padrino II nos topamos con el joven Vito Corleone (interpretado por De Niro) y su lucha por el aceite de oliva con su compañía Genco Oil, el inicio de la Familia Corleone. En El Padrino III, el protagonista de la escena culinaria es Andy García, cuando escondido clandestinamente por su disputa  con Joey Zaza, prepara ñoquis con su prima, Mary Corleone, en una escena bastante hot. También es memorable la escena en la cocina entre nubes de harina de Jessica Lange y Jack Nicholson en El cartero llama dos veces.

Los ejemplos alcanzan para comprobar que el cine y la cocina maridan muy bien y que el límite es la imaginación.

2 Comentarios para “Con sabor a Cine”

  1. Buena nota.
    Sumaría películas como:
    Quién está matando a los grandes chefs de Europa.
    La pasta o la pechuga.
    La gran comilona.
    Y al infaltable Hanibal Lecter.

    • monica dice:

      Es cierto Gustavo, quedan varias fuera y todas tienen algo fantástico, incluso Hanibal Lecter… Será que la gastronomía es apasionante?
      Saludos

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