Cocina y negocios

Un blog de Mónica Albirzú

07 de agosto de 2013

Para coleccionistas que toleren la tentación

Reencorchado:remateLa cita inició en tiempo y forma. A las 19.30 hs. del martes 6 de agosto, comenzaron a subastarse desde el púlpito los 100 lotes previstos para esa jornada por Casa Saráchaga. El noventa y dos por ciento de ellos correspondía a una selección de obras de Arte Contemporáneo. El ocho por ciento restante estaba reservado a un acto inaugural de la tradicional casa de remates.  Una selección de ocho lotes con vinos de distinta procedencia fueron subastados por primera vez en el país.

Sin más, las obras previstas para la subasta del día comenzaron a desfilar frente a los interesados: de Líbero Badii, a Juan Battle Planes, pasando por Guillermo Roux, Rogelio Polesello, Josefina Robirosa, Antonio Seguí, Nicolás García Uriburu, Rómulo Macció y Antonio Berni entre muchos otros. Los ojos, muchos de ellos acostumbrados al evento, seguían sin mucho sorpresa los avatares de la jornada. La sala, con espacio para unas 90 personas sentadas, sobrepasaba ese número en varias decenas.

Promediando las 21 hs el rematador a cargo anunció el acontecimiento anhelado: “En minutos más comenzaremos con lo que muchos están esperando. Ojo que lo que no se venda se abre esta noche para el personal de la casa”, se atrevió a bromear. Juan María Poiron, director de Saráchaga, a cargo de este tramo de la subasta, subió al estrado y destacó la innovación en la que incurrieron “estos vinos corresponden a un nuevo departamento en el que la casa se ha iniciado y en el que han trabajado Ana Sarachaga y Juan Nelson.”

Las fotos de los vinos en cuestión, por una necesidad de conservación de las botellas en correcto estado, fueron expuestas lote a lote y en menos de 15 minutos uno a uno fueron vendidos. El Lote 93, el Château Mouton Rothschild 1996 que partió con un base de $6.500, luego de una puja entre dos compradores fue vendido por encargo en $8500. El Lote 94 de dos botellas que correspondió al Caymus, Cabernet Sauvignon del 95, con una base de $6.000 se vendió también por encargue al mismo precio. El Lote 95 correspondiente a una botella de Catena Zapata, Estiba Reservada del 93, que  tenía una base de $6400 fue finalmente vendido en $8.000. El Lote 96, correspondiente a otro vino argentino, el Catena Zapata, Estiba Reservada de 1994, que comenzó con un valor de $5.600, fue comprado por $6.000. El Lote 97, un Château Margaux de 1995 que arrancó en $6.500 fue vendido por $8.500. El Lote 98, la botella más cara y esperada de la noche, correspondiente a un Petrus de 1988, salió a remate con una base de $12.000 y fue comprado luego de una puja por $14.400. El Lote 99, correspondiente al vino argentino Angélica Zapata Malbec Alta de 1995 (dos botellas) comenzó con una base de $6.000 y fue vendido también luego de una puja por $8.400, al único comprador presente que no usó intermediario. Por último el Lote 100, otro gran esperado por la rareza del vino a rematar, correspondió a las 6 botellas de vino Húngaro, el Royal Tokaji Atzu (5 putonyos) que partió de una base de $4.200 y se vendió finalmente a $8.000.

Juan Nelson, Asesor en Arte de Saráchaga y uno de los responsables en el armado de esta subasta explica que los 8 lotes “eran propiedad de un coleccionista francés que tiene una gran colección de vinos, entre ellos algunas etiquetas  argentinas de nivel. Como era el primer remate, quisimos empezar con lotes pequeños para probar al mercado. Así es que trabajamos en conjunto con el coleccionista y en base a consulta a distintos especialistas armamos los lotes”. Los valores de los vinos, según explica Nelson a CocinayNegocios, fueron determinados en parte en base a la poca oferta disponible en el mercado de estas etiquetas. Asegura también que tuvieron especial cuidado en los factores que dan valor a este tipo de producto “la calidad del vino y su correcta guarda”.

La propuesta tuvo muy buena recepción por parte del público en general y eso se vió reflejado en la asistencia al remate y en las ofertas a sobre cerrado que recibió Saráchaga en días previos al gran acontecimiento, además de las múltiples consultas de otros coleccionistas tentados frente a la posibilidad de vender botellas en guarda. Juan Nelson para enmarcar este acontecimiento hace un paralelo entre las obras de arte y los vinos: “uno tal vez tiene en su propiedad una pintura por años y busca venderla porque ya la vio por mucho tiempo colgada en su casa o porque quiere incluir una pieza nueva en su colección”.

Arnaldo Gometz, Director Comercial de la Bodega Catena Zapata, quien estuvo presente en la subasta, explica que los remates de vinos “son muy importantes en muchas partes del mundo y ciertamente es la primera vez que se hace uno en la Argentina para un fin no benéfico. Estar al lado de grandes vinos para nosotros es un reconocimiento”.

La bodega fue contactada por la casa de remates en la previa al evento para conocer más detalles acerca del coleccionista que buscaba subastar sus vinos. “Nosotros lo conocíamos, creo que su nombre es Bertrand Guillot, un francés que había comprado algunos de nuestros vinos en una subasta que hizo la gente de Make a Wish hace un tiempo”.  Tratando de develar en parte la mayor incógnita de un evento de estas características, Gometz respondió al interrogante ¿quién compra estos vinos?. “Creo que lo que se ha instalado, más que el precio de la botella, es el afán del coleccionista por conservar. Creo que lo han comprado en la firme creencia de que esos vinos en un par de años tienen un valor mayor. Son vinos que desde ya se pueden tomar, pero… quién se toma realmente un vino de ese valor?”, analiza el Director Comercial de Catena Zapata.

En la Argentina el criterio de la elaboración de vinos con la capacidad de tolerar el paso del tiempo es algo relativamente nuevo. Por eso en este tipo de subastas será difícil encontrar vinos nacionales de más de 20 años, será incluso difícil encontrar alguno de esas añadas. Soportar el paso del tiempo en un vino significa estrictamente que el vino ha mejorado y que todavía tiene unos años muy buenos por delante para ser bebido. Un bodeguero francés probablemente pueda conocer la evolución de su cosecha de los años 60 o de los 70, aquí recién se está empezando a construir esa experiencia y ese saber.

Con respecto a esto Gometz remarca algunos detalles de la subasta que para él fueron llamativos “nos parece lo que se pagó por nuestros vinos fueron precios muy baratos. Por ejemplo, el Catena Zapata del 94 es la cosecha que mejor evolucionó de todas las que tenemos, es un vino que todavía está evolucionando y tiene aún un potencial enorme. La del 95, el Angélica Zapata, tiene la particularidad de ser la primer cosecha de esa etiqueta, es un vino que está recontra agotado y tiene el valor agregado de ser la inauguración de la línea. Suelen venir turistas brasileños o de otras partes buscándolo con el nombre anotado en un papelito. Es un vino que está a la altura de un Estiba Reservado y es un ícono porque rompe con la tradición machista de los bodegueros de no usar en los vinos nombre de mujer, excepto que se tratara de una santa, como Santa Ana, por ejemplo”. Aunque su declaración resulte sorprendente, en una instancia donde se instala el gusto del coleccionista por conservar este objeto, los que menciona son parámetros a tener en cuenta.

Catena Zapata una bodega caracterizada por la innovación en la producción de vinos, fue la de las primeras que en 1990 con el Catena Zapata Cosecha Reservada, salió al mercado con un nivel de vino con potencial de guarda. Gometz asegura que los vinos de la bodega están preparados para soportar muy bien el paso del tiempo, entendiéndose por esto que el vino mejore con los años. Frente a la consulta de qué debería comprar un coleccionista novel, Gometz nos revela que las líneas “Saint Felicien soporta una guarda de unos 7/8 años, la línea DV Catena unos 10/12, la línea Angélica Zapata entre 15 y 20 y la línea Catena de 20 en adelante. Pero insisto el tiempo va a demostrar la calidad de estos vinos”.

Los futuros coleccionistas sólo deberán enfrentarse al deseo, difícilmente controlable, de descorchar alguna de estas botellas antes de que se conviertan en piezas de colección.

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