Cocina y negocios

Un blog de Mónica Albirzú

02 de septiembre de 2015

Orgánicos en el gallinero

PolloCoecoTal vez el mayor de los cucos de la industria alimenticia sea el pollo. Ríos de tinta se han escrito sobre los antibióticos y las hormonas que inyectan en estas aves, su crecimiento hacinado y su alimentación permanente sin lunas ni soles en condiciones dramáticas. Cuando uno compra pollo termina pensando que está ofreciendo a su familia una granada sin seguro. Si bien la producción orgánica ha tenido un enorme crecimiento dentro del mercado local, hasta ahora no había llegado al gallinero.

La buena nueva es que COECO, la cooperativa de productores avícolas de Entre Ríos y Buenos Aires está próxima a certificar su producción. Primero serán los huevos los que se convertirán en orgánicos y que en pocos días estarán disponibles y más tarde, aseguran, le seguirán la producción de leche y de pollos.

COECO (Cooperativa Granjera Entrerriana de Chacras Orgánicas Ltda.) tiene desde su raíz una matriz de sustentabilidad. Corría 2001 y varios productores de huevos y pollos de la provincia de Entre Ríos veían peligrar su supervivencia. No lograban que el valor de mercado que recibían por su producto garantizara la sustentabilidad de sus granjas. Jorge Velayos, productor de la región entendió la urgencia y buscó agruparlos.

En sus comienzos se abocaron a los huevos y luego desarrollaron el Pollo Campero del INTA. Un pollo que tenía una pechuga muy pequeña y que sería producido para alimento de los propios granjeros. Hoy se dedican al desarrollo natural de huevos y pollo pastoril y elaboran sub productos: pechugas cocidas y ahumadas y viandas gourmet a base de pollo. Es una producción a pequeña escala para poder garantizar la calidad del producto.

Un pollo convencional tiene 43 días de crianza hasta que sale al mercado, se lo obliga a comer para que engorde rápido, con luz en el gallinero todo el día, no pastorean y están hacinados en un corral. Los pollos de esta Cooperativa demandan casi el doble de tiempo. Son 70 días de cría a campo, donde se alimentan libremente de algún pasto y lombrices, además de una selección de alimento balanceado a base de maíz.

Marcelo Taubenslag, Gerente General de COECO, explica que “a la industria convencional por la fuerte demanda del mercado sólo les preocupa cuantos kilos de alimento son necesarios para hacer tantos kilos de pollo y en cuanto tiempo se logra. El pollo industrial se consigue barato y da de comer a mucha gente, por más que nosotros estemos convencidos y embarcados en un sistema de producción distinto, todavía no podemos transformar eso en un alimento accesible para toda la gente”.

Cuando los habitantes migran en masa a los grandes centros urbanos su alimentación indefectiblemente está en manos de la industria, o al menos no se ha podido superar el desafío hasta el momento. Si hace 30 años todavía subsistía algún gallinero o huerta familiar, el escenario socioeconómico de estas últimas décadas lo barrió del mapa. Hoy buena parte de lo que se come proviene de la góndola del supermercado y de una industria procesadora que genera más volumen que calidad.

“Nosotros vendemos mucho menos de la mitad de lo que venden los productores  industriales, hay una cuestión básica de precio,  no somos competencia de la industria, ni ellos competidores nuestros”, asegura Marcelo Taubenslag. El trabajo que vienen realizando desde hace casi 15 años los pone hoy frente a un escenario con una demanda creciente. “Hemos trabajado para este momento donde hay mucho interés de la gente por mejorar la alimentación. Uno esta en el mercado Buenos Aires y la demanda es cada vez mayor y uno tiene que estar muy seguro de lo que hace para no perder el rumbo”, enfatiza el Gerente Comercial de COECO.

Buenos Aires es el principal consumidor de estos productos, según la Cooperativa, y hay un pequeño mercado creciente en la provincia de Córdoba. En la provincia de Entre Ríos, como suele ocurrir con los productos diferenciados de la mayoría de las economías regionales, este pollo pastoril ni se asoma.

Qué fue primero ¿el huevo o la gallina?

Si esta pregunta nunca encuentra una respuesta, en el caso de la producción de COECO y su certificación orgánica, primero será el huevo y luego la gallina. En la web de la cooperativa dice “nos enorgullece presentarles nuestros nuevos bebes que llegaron con una misión… lograr la producción de huevos orgánicos certificados”. Nueva granja y nuevos animales, ambos certificados, para crear un producto diferente.

La certificación es un largo proceso de cerca de dos años con auditorías permanentes para garantizar el trato al animal, su alimentación y su cría pastoril. A partir de la semana 18 de estas nuevas crías de pollo comienza la postura, que se afianza para la semana 20, cuando se obtienen finalmente los primeros huevos orgánicos.

La cría de este animal es un trabajo muy delicado. Son susceptibles a todo tipo de virus y enfermedades, por eso la industria convencional recurre a la carga antibiótica que tanto se le critica. Quien desarrolla un proyecto orgánico debe ser muy cuidadoso y meticuloso incluso en la participación del hombre y las condiciones de seguridad e higiene de la cría. Cualquier enfermedad rápidamente contamina a todo el gallinero y barre de un plumazo con todo el proyecto.

De momento el canal de comercialización no ha ingresado en los supermercados. Quienes quieran comprar los productos de COECO deberán hacerlo mediante la web de la Cooperativa y allí podrá acceder a los productos, los días y zonas de entrega, los valores y la forma de pago. En parte por el volumen de producción y por las condiciones que imponen las cadenas de supermercados los canales de venta convencionales no pueden prosperar para este tipo de producciones.

Más datos

COECO: www.coeco.com.ar

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